Quién tuvo tan mortificada vida, forzoso era, fuese cordialísima amante de la Cruz de nuestro Redentor. Siempre que esta penitente virgen la miraba, se derretía su corazón en amorosos afectos, requebrándola con gran ternura. Vio una vez la Cruz, que estaba en un tejado del Convento, y ansiosa de abrazarse con ella, la reverenciaba humilde, ya que la distancia no le permitía otras expresiones más el Señor dispensó en él impedimentos de la distancia, y la Cruz se le vino a los brazos, estrechándose con ella la Venerable Madre, prorumpió en amorosos cariños.

VISTA DE LAS CUBIERTAS DEL CLAUSTRO Y EL "BUQUE" DE LA IGLESIA

 

Fue este un pronóstico de su inmediato penar, pues luego le comenzó una enfermedad encadenados los accidentes: Y perdió después la vista, y se le canceró la garganta, de modo, que ulceradas las fauces, y el cielo de la boca, solo podía recibir alimento líquido; perdida la aptitud para hablar, era forzoso explicarse por señas. Por todo el cuerpo se le extendieron muchas apostemas, y se congregaron tan exquisitos dolores, y enfermeades, que el común sentir de los Médicos era sobrenatural su vida.

Así como el Señor le dio los trabajos, y enfermedades de Job, le franqueó también la paciencia. Estaba con tal serenidad en este mar de amarguras, que ni aun se le conocía el más leve indicio de congoja. Regozijabase en las penas, considerando, que la diestra del Altísimo había tomado de su cuenta, darle empleo a su tolerancia. Fue mayor este alborozo desde, que un día llevando la Comunidad en Procesión la Imagen de nuestra Señora a la Enfermería, le declaró la Soberana Reina, como sus trabajos eran muy del agrado de su Divino Esposo, y con esta Celestial noticia se liquidaba su Alma en dulcísimos afectos.

Solo la tenía quebrantada el ver, que su prolija enfermedad era de molesta ocupación a las Religiosas; pues demás de la inexcuasable asistencia, era forzoso para el conveniente aseo, labar la ropa con aquella continuación, que necesitaba accidente tan exquisito. Padeciase entonces grande penuria de agua en el Convento, por haberse de conducir de fuera la que se había de gastar en la Clausura, y esta indigencia hacia más penoso el trabajo. Pidió la Venerable Madre al Señor, socorriese esta necesidad, y estuvo pronto el alivio, entrando en el Convento impensadamente bastante copia de agua por unos antiguos conductos, que no la habían tributado en todo el tiempo, que habían vivido en aquel sitio las Religiosas. Corrió esta milagrosa agua tan a medida de la urgencia , que habiendo estado permanentemente, mientras duró la enfermedad de la Sierva de Dios, cesó su cristalino curso el día, en que murió la Venerable Madre.

Cuanto más caminaba esta insigne mujer a la eternidad, tanto más se alejaba de la atención a las cosas de esta corruptible vida; desmoronándose la terrena fábrica, habitaba su espíritu en la contempación de la Celestial eminencia. Ya en los últimos días de su enfermedad era continuo su interior recogimiento; y viendo su Confesor lo negada, que estaba al comercio humano, le dijo, que hablase como pudiese. Respondió como mejor pudo, que su conversación era solo con Cristo, y que en los brazos de la Cruz tenía todo su consuleo. Alimentabase de abstracción continua, acallado los sentimientos de verse privada, por lo exquisito de su enfermedad, de recibir la Sagrada Comunión, y templaba con resignación humilde estas amorosas ansias.

Acercábase su partida, y habiendo estado un día por dilatado espacio en maravilloso éxtasis volvió, diciendo: Que de amigos vienen para llevarme del día de mi Padre S. Francisco. Estaba próximo este día, y conocieron las Religiosas, habían de quedar en el huérfanas, por la muerte de tal Madre. La Víspera de la Solemnidad del Seráfico Patriarca hizo, que se diese aviso a todos los Conventos de la Ciudad de Granada, pidiendo, que la encomendasen a Dios. Convocó sus Religiosas, y se despidió con gran ternura, haciendo se leyesen un papel, que muy de ante mano tenía escrito para este afecto. Este papel escribió estando ya ciega; pero con tal maravilla, que en todo su contenido no torció una línea, ni erró letra; dicho papel era en esta forma :

 

"Hijas, Madres, y Hermanas de mi alma, lo que desde el prinicipio les he deseado, esto tengo que suplicar, y pedir en mi última despedida, pidiendo al Padre de misericordas las llene de bendiciones, y les dé a gustar la paz, que sobrepuja a todo sentido, que no se funda en cosas de la tierra, ni en que nadie nos haga camino, sino el amor de Dios allana todas las dficultades. Entréguense muy de veras a este Señor, sin dejar átomo de sus corazones para cosa de la tierra, y crean que no hay Oración como el cordial amor, y este se reconoce en guardar los Mandamientos; porque de todas las cosas es el toque la Obediencia. Ámense unas a otras en Cristo Jesus, sin particularidades, que son todas hermanas, y la más sola, mejor acompañada.Elijan Madre con mucha paz, en que luzca la libertad, con que desean la gloria de Dios, y bien de su casa, sin respectos particulares; y elegida, hacer cuenta, que es el mismo Dios, sin replicar a oficios ni a otra cosa; que es la vda breve, y al fin de todo se hallarán vacías, sino se gobiernan por un solo norte, que es el agrado de Dios, y cumplir lo prometido: Magna promisinus; sed maiora a promisa sunt nobis; guardemos aquellas, y suspiremos por estas. A Dios Hijas, yo voy confiada en su Sangre, de verle, y para las hijas fieles pedir muchísimas cosas, para las que no lo fueren, que su Majestad las reduzca, a que todas se Salven, cuantas aquí entraren. El silencio  les encargo, la paciendcia, la humildad, y sobre todo el amor de Dios, y de sus hermanas, sin excepción de personas: Todo lo de Ntr. Señor, y las enseñe a mirarse en el espejo de sus Santos Padres, y  de Cristo nuestro bien, cuyas pisadas ellos siguieron. A Dios, a Dios, a Dios, amadas Hijas en su Majestad."

 

Estos saludables documentos dejó por herencia a sus hijas aquella amorosa Madre, y sirviendo el papel de lengua les dió en breves cláusulas las últimas vendiciones, y la suma de la regular perfección. Enternecieronse las Religiosas, y ocupadas del dolor solo pudieron explicar en abundantes lágrimas los justos sentimientos de ver lo presto que se extinguía aquella lucida antorcha, cuando más necesitadas se hallaban de sus ejemplares luces.

 

RETRATO FUNERARIO DE LA V.M. SOR MARÍA DE SANTA CLARA

Pintado en 1644

 

Llegó el día cuatro de octubre, y a las , cinco de la mañana pidió la V. Enferma, que le cantasen el Credo, y entregó su espíritu a su Criador en la Solemnidad e N.P. San Francisco el año de mil seiscientos y treinta, corriendo el de cuarenta y siete de su edad; Vivió en la Religión poco menos de treninta y dos años, y quince en el Oficio de Prelada en uno, y otro Convento. Grande fue el quebranto de las Religiosas por la muerte de su Abadesa, a quien amaban con la ternura de hijas, y solo tuvieron el consuelo de quedarse con su Cuerpo, al cual dieron honorífica Sepultura. No les duró mucho tiempo este alivio; pues reclamando las Religiosas del Convento de Estepa, consiguieran se trasladase el Cadáver a sus Claustros. Para este afecto se descubrió el año de mil seiscientos y cuarenta, y se halló entero, y incorrupto, y con la decencia conveniente se llevó a la Villa de Estepa, y en la Iglesia del Convento se le hicieron Exequias solemnísimas. El Cadáver encerrado en una caja se colocó sobre un elevado Túmulo, y la inadvertencia, o descuido ocasionó un prodigio. Al poner la Caja con el cuerpo en el Túmulo, cayó en el suelo el Cadaver, sin prevenirlo los Asistentes; pero ni la violencia del golpe ocasionó quebranto alguno en su entereza, quedando con la misma integridad, que antes tenía. Diósele segunda vez sepultura en aquel su primero Convento, donde nació para la Religión y serán siempre celebradas sus virtudes, que ha acreditado el Señor con muchas Maravillas.